
Dos canales, dos visiones, dos formas de actuar completamente distintas. Mientras
Venevisión –
aunque su programación lo desmintiera- siempre apuntó a ser un canal más elitista –“el de la clase”
rezaba su slogan-,
RCTV siempre optó por ser un canal más popular –“el del pueblo”
como le recuerdan-.
Quinta Crespo y
Colinas de los Caobos, nada más claro: una populosa esquina del centro de
Caracas vs. una solitaria y exclusiva colina por los
Caobos. ¿Hacen falta más pruebas para respaldar lo dicho anteriormente?.
En cuanto a programación no eran tan diferentes y la calidad variaba por períodos: cada uno tuvo tanto épocas doradas como épocas sumamente desacertadas; aunque es justo reconocer que siempre
RCTV llevó la batuta como pionera, y le apostó más fuerte a lo nuestro, bastando para esta muestra el glorioso y dorado botón del
Ciclo de Rómulo Gallegos, o lo que vemos en la actualidad en pantalla donde
RCTV con menos recursos econónomicos tiene mucha más producción nacional que
VV con todo el dinero del gobierno.
Sin embargo, apartando las diferencias, el mayor abismo que terminó por separar definitivamente a estos dos canales estuvo en el compromiso de éstos con el país, y la ética de sus dueños. Cosa curiosa esta, ya que nadie pensaría en los albores del 2002 que
Venevisión, siendo de todos el canal más opositor y beligerante, terminaría de tan patética forma. No sé si alguien lo recuerda -
la mala memoria nos distingue tanto o más que el béisbol-, pero en aquellos días el
staff de opinión del 4 estaba formado por
Napoleón Bravo, Ibéyise Pacheco, Nelson Bocaranda y
Oscar Yánez con programa nocturno los 3 últimos; mientras en
RCTV la cosa iba más despacio entre
Luisiana Ríos, Javier García, Ana Virginia Escobar, y en algún momento
Ana Vaccarella y
Carlos Omobono ¿?.
El 4 era por convicción un canal de la oposición. En aporrea.org lo llamaban “
guarida de la CIA”, y ellos respondían burlándose de
Chávez en
Cheverísimo. El 11 de Abril de 2002 el canal habilitó una sala, con pantalla gigante y pasapalos incluidos, donde los hermanos
Cisneros Rendiles siguieron de cerca todo lo que acontecía en
Caracas, compartiendo con varias personalidades de la política como
Carlos Ortega,
Monseñor Baltasar Porras,
Pedro Carmona Estanga, Rafael Poleo y pare ud. de contar, quienes hasta actas redactaron y firmaron tratando de solucionar los males del país.

Y así seguía el canal hasta que en algún momento allanaron un galpón cerca de ellos y parece que algo encontraron. Al rato
Chávez,
Carter y “
el golpista”
Cisneros se reunían como altos panas. Pasó el
Referéndum Revocatorio y a la mañana siguiente sólo aparecieron en pantalla
Marta Colomina en
Televen,
Miguel Ángel Rodríguez en
RCTV, y
Carlos Acosta en
Globovisión, mientras
Napoleón Bravo brilló por su ausencia. Mal presagio. Apareció a los siguientes días, pero sería por poco tiempo, ya que él junto con los mencionados anteriormente desaparecieron definitivamente de las pantallas de
Venevisión.
Desde ese momento
El Informador -
noticiero del canal- comenzó a verse distinto: habían cosas que no salían al aire, las pocas que salían estaban muy edulcoradas, y así hasta que se descubrió la existencia del “
cisnerometro”, que era la forma en la que los empleados del canal llamaban a las sospechosas revisiones por la que pasaba el material del noticiero 1 hora antes de ser emitido, en ojos de 4 ejecutivos del canal. Cuando la medida se hizo insuficiente, se comenzó a mandar el material al
MINCI -
como denunciara en su momento Marta Colomina-, que lo devolvía bien bonito para conveniencia del gobierno. Las novelas no se escaparon de la censura, y por inconveniente “
el gobierno supervisaba los libretos de Cosita Rica” como revelara
Leonardo Padrón a
TalCual.
A cambio de todo esto las pautas publicitarias del gobierno alcanzaron dimensiones estratosféricas en el canal, sin contar lo que seguramente les llegó –
y llega- como bonos por “
buena conducta”. Así se vendió el indigno hijo de su padre,
Gustavo Cisneros, y así se vendió
Venevisión. Se llenaron los bolsillos, y vaciaron sus conciencias y dignidades.
Cuando se anunció el cierre de
RCTV,
Ana Vacarella en
El (des)
Informador comenzó a referirse al 2 como “un canal de oposición”, y salieron del reportero
Efraín Castillo porque marchó en apoyo de
RCTV. Dentro del 4 se persiguió a todo aquél que apoyara al 2, a tal punto que la prensa rosa reportaba que los trabajadores se expresaban colocando clandestinamente banderas de
Venezuela en los estudios. Extrañarían entonces aquellos tiempos del 2003 en los cuales, ante una visita de
CONATEL a
Quinta Crespo, todos los trabajadores de la
Colina hicieron un sonoro cacerolazo –
emitido en vivo y directo con la marcha de VV al fondo- en “
apoyo a los hermanos de RCTV” tal como decía el
insert de aquella transmisión. El grado de entrega y sumisión de
Venevisión llegó a tanto que el día del cierre no transmitieron ni un segundo de lo que aconteció en
RCTV, y mientras el
lobby del canal estaba lleno de micrófonos de todo el mundo, el de la
V –
que no de Venezuela como decían sus mensajes navideños, sino de vendidos- brilló por su ausencia y sólo a las 12 de la noche dejaron las películas a un lado y
se conectaron con el gobierno para retransmitir el nacimiento de TVES. Así de basura fueron.
Pasado un tiempo, la renuncia masiva de sus censurados periodistas y la factura que le empezó a cobrar la opinión pública –
hasta marcha hicieron los estudiantes frente al canal para exigirles algo de ética- obligó al canal a negociar y a ablandar la cosa: Les dieron permiso a sus artistas para hablar, pero poquito ya que al que se le fuera la lengua estaría botado como
Fabiola Colmenares; metieron un programa donde leen los titulares de la prensa, y comenzaron a mandar micrófonos a actos y marchas de la oposición -
de los cuales después no reportan nada, y si lo hacen es pasada la medianoche -. Demasiado tarde, las costuras igual se le marcan y se le siguen viendo.

¿Por qué se vendió
Venevisión? ¿Puro interés monetario, o quizás porque en aquél allanamiento descubrieron algo sucio? Algún día se sabrá, pero lo cierto es que en cualquier caso lo que salta a la vista es que no andaban en nada bueno, y que ética, honestidad, compromiso o principios son palabras que le quedan muy grandes a ese canal. Caso contrario el de
RCTV, que como todo un valiente se mantuvo siempre firme en la misma línea con la que actuó toda su vida, y a pesar de las presiones y cuantiosas ofertas no se dejó amilanar, ni se vendió, resarciendo lo que hizo cuando
Lusinchi y ganándose así el respeto y la admiración de muchos en
Venezuela y el mundo.
A los valientes se les aplaude y se les rinden honores. A los cobardes se les mira de lejos con desprecio. La sentencia es firme: Los cobardes se ponen en 4 y los valientes mueren en 2. Definitivamente no fue fortuito el número que cada uno ocupa/ocupó/si-
Dios-quiere-ocupará-nuevamente en el espacio radioeléctrico venezolano.